Salvo por algunas detalles del comienzo y del final, este guión es casi teatral. Todo ocurre en un mismo escenario, el hotel.La desaparición de un objeto valioso altera un momento festivo posterior a la habitual cena en el salon del predio. Y es allí donde surge la necesidad de contratar un investigador privado: Isidoro Cañones.
Horas antes el padrino había sido prolijamente apurado por el indio para que consiga un trabajo y, siempre ventajero, Isidoro aprovecha una ocurrencia del gurí aceptando su sugerencia, convertirse en detective. Un buen plan delictivo es tramado por unos estafadores, que encaja de manera simple en un simple argumento.
Dato: para ésta época el hotelero ya había dejado atrás mucho de su acento francés.
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